Dos comerciantes dialogan en el mercado de esclavos.
—Me gusta aquella de allá, la que le escurre aceite por la piel.
—Se la vendo.
La negociación tomó menos de una hora.
—A propósito, ¿cómo se llama? —preguntó el esclavista rubio.
—Le gusta que la llamen Libertad, pero le decimos Venezuela.
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