Emmanuel contempló por última vez el río. Recordó las tardes de domingo en las que nadaba allí y las caminatas que hacía por su orilla, en medio del verdor de las montañas. Volvió a su presente, suspiró, empañando el visor, y sacó una hoja.
“Perdónanos porque sabíamos lo que hacíamos y no dejamos de hacerlo”, escribió.
Dejó la nota pisada bajo una piedra. Lloró, pero tuvo que detenerse porque la máscara no le permitía liberar sus lágrimas. A lo lejos, escuchó la voz ordenando el abordaje. Atravesó la atmósfera en cuestión de minutos. Le esperaban varios años para llegar a su nuevo destino.
Dos días más tarde, la Tierra dejó de ser respirable.
:(
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